“No se
lo digas a nadie” reconoce las diferentes habilidades paternales y los efectos
que pueden tener sobre los jóvenes. Hay patrones existentes (que a veces son estereotípicos)
que conectan la crianza y los estilos de vida al comportamiento infantil y
adolescente. En esta película, vemos los efectos de la clase socioeconómico, la
religión y la masculinidad de un padre en la vida de un niño. Por ejemplo, a
menudo encontramos que los jóvenes que abusan de las drogas provienen de
familias pudientes (Joaquín y sus padres). El dinero extra les da un acceso más
fácil a las sustancias. A veces, los adolescentes de padres ricos se vuelven
perezosos a causa de su falta de responsabilidad; sin trabajo u otras
responsabilidades, estos adolescentes pueden llegar a ser aburrido y, en última
instancia, recurrir a las drogas. La religión y la masculinidad son dos
factores que pueden causar que los niños se vuelvan temerosos de lo que ellos
quieren ser como individuos. Cuando un adolescente tiene edad suficiente para
tomar decisiones, pueden decidir que no quieren seguir la religión de sus
padres. Por desgracia, la religión puede ser estricta en una familia (como con
la madre de Joaquín). Jóvenes podrían luchar con la sexualidad y la identidad
si proviene de una familia con una religión estricta que no apoya a la
homosexualidad. La masculinidad también conecta con esto cuando chicos jóvenes crecer
con la intención de colmar las expectativas de sus padres machos. El padre de
Joaquín es un hombre macho y pretencioso. Debido a que el rigor de la religión
de su madre y la hombría de su padre son tan perpetúales, él lucha con so
propia identidad (y esto puede ser un factor que lo llevó al uso de las
drogas). Sus padres pueden pensar que le están tratando e influyendo bien, pero en realidad Joaquín se desarrolla una lucha interna.
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